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sábado, 16 de enero de 2016

Los Cuentos inquietantes de Edith Wharton me sacan de la hibernación.





Edith Wharton es un caso maravilloso de autor magnífico, redondo, pleno, y de personaje fascinante. En paralelo, sin intromisiones no deseadas ni problemas de compartimentación. Uno no puede leer a Byron y no imaginarlo cruzando a nado el estrecho de Dardanelos, acercarse a la obra de Poe y no ver su pálido rostro enmarcado por su capote de West Point, leer a Dorothy Parker y no notar el sabor de las copas del Algonquin o abrir un relato de Capote y ponérsele a una el cuerpo glamouroso.

Pero Edith Warton está hecha de otro material. A lo sumo sabemos de su amistad con Henry James o de su Pulitzer por La edad de la inocencia, pero deberíamos dedicar parte de nuestro tiempo lector a indagar en su obra de no ficción y descubrir que arte y vida se funden de la forma más auténtica posible: sus fastuosos libros de jardinería y decoración (conocimientos que jamás puso en práctica), sus relatos sobre el frente francés durante la I Guerra Mundial (la misma Impedimenta publicó, con gran acierto, Francia Combatiente), sus relatos de viajes, su propia autobiografía... Edith Wharton fue en si obra y arte y, todo ello, sin que supusiera el menor desmayo en su producción literaria. No hay un solo párrafo suyo que resulte mediocre (¡Ya no digo flojo!), así que cualquier nueva aparición de su trabajo en la lengua de Cervantes debería ser celebrada. Y mucho más si se hace con el cuidado y el mimo de Impedimenta.

Considero un gran acierto algo que podría parecer tan banal como el hecho de que los cuentos aquí seleccionados se presenten en orden cronológico, de modo que podamos disfrutar de la sutil línea evolutiva y de las inclinaciones argumentales de la autora durante un periodo de casi 40 años. Del mismo modo también aprecio en gran manera que se definan los cuentos como “inquietantes” ya desde esa portada tan cautivadora ( con una fantástica imagen de Albert Carel Willink), diferenciandolos del cuento de fantasmas que Wharton también cultivó con su habitual talento. Porque, mientras que ella misma consideraba que para disfrutar del relato sobrenatural había que dejar de lado la facultad intelectual de “creer” y pasar a, simplemente, “sentir”, considero que para sacar todo el provecho de estos cuentos inquietantes debemos dar tanta importancia a la intelectualidad como al sentimiento y descubrir la maravilla del escalofrío de la primera lectura y el disfrute de las segundas y terceras.






Entre estos 10 relatos encontraremos encuentros entre la vida, la muerte y el matrimonio (La plenitud de la vida), pasada por un cierto tamiz malsano a lo E.A. Poe (Un viaje, La duquesa orante), atmósferas dignas de La hora de Alfred Hitchcock (el más que brillante La botella de Perrier), reflexiones sobre el talento y el arte (El veredicto), homenajes más o menos velados a Henry James, presencia fantasmal incluida (Después) y, sobre todo, una aguda visión de la familia y el hogar de puertas para adentro, de la intimidad menos confortable, de la intranquilidad agazapada tras una cortina , una puerta, una mirada o una respuesta.

Entre estas corrientes que erizan el vello de la nuca de la domesticidad es donde con mayor maestría se mueve Edith Wharton: ahí están el sutil arte de caza del marido por parte de una madre decepcionada por su propia presa, mientras los hombres de su alrededor entretejen relaciones acomodaticias (Un cobarde), la instaurada creencia en que los hijos son la bendición de un hogar y la culminación del matrimonio ( el delicioso, La misión de Jane), la logística social de la mujer divorciada en una sociedad hipócrita (Los otros dos, claramente en consonancia con su novela contemporánea, La casa de la alegría) o la repentina toma de conciencia de que detrás de un gran hombre hay una, sin duda, una mujer (El mejor hombre).En todos, sin embargo, sabe moverse la escritora con absoluta maestría a base del tono y la palabra justa, de las mínimas pero más eficaces pinceladas, de la descripción más efectiva y de un conocimiento del oficio como muy pocas veces leeremos.



Edith Wharton
Cuentos inquietantes

Trad. Lale-González-Cotta
Impedimenta; Madrid, 2015
978-84-15979-99-9

336 p.

domingo, 17 de mayo de 2015

Girona, temps de flors.




Hoy voy a escribir poco pero a recomendaros mucho que visitéis Girona Temps de Flors.
No os desplacéis en vehículo privado porque es imposible aparcar ( el AVE desde Barcelona tarda 30 minutos y por 25 euros os lleva y os trae) y llevaros unos bocadillos porque los restaurantes se desbordan.
Haced acopio de vuestra capacidad de abstracción y de ignorar multitudes, id bien acompañados y disfrutad de un día mágico. Una celebración pagana disfrazada -de nuevo- de celebración popular.
Volveréis sonrientes y encantados.