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domingo, 29 de agosto de 2010

London Again (II)


Sábado por la mañana en un Londres recién regado. Huele a hierba y a tierra mojada. Aún hay poca gente paseando por Notting Hill...y ahí está el mercadillo de Portobello.
Aquí empieza el olor a café y a bollos de canela...¡¡umm!! ¿Puede una mecerse en los olores?
Por si acaso la respuesta es que no, meto la cara -literalmente- en un carrot cake del tamaño de un Seat Panda.
La mejor hora de visitar Portobello es bien tempranito, que luego sueltan a los turistas (especialmente españoles e italianos, no insultéis a las claras si os fastidian una foto u os arrancan el bolso de cuajo de un tirón alelado ). Las tiendas están a medio montar, pero los guiris están a medio llegar así que ¡a disfrutar!




Portobello ya no es lo que era en 1990 y la Abuela Cebolleta lo acusa... nada de discos ni libros o vestimentas estrafalarias; mucho souvenir y pseudo antigüedades, alguna antigüedad de verdad y cuatro sombreros de segunda cabeza con habitantes instalados ad eternam. Me acuerdo repentinamente de la cancioncilla de Filvit Champú...
Entonces, en medio del creciente gentío aparece una tienda que me llama tanto la atención como a Cristina, decorada íntegramente con máquinas de coser antiguas... debieron comparar varias fábricas porque posteriormente vimos que había varias tiendas absolutamente iguales a lo largo y ancho de la ciudad: bienvenidos a la uniformidad según All Saints. Vístete como un mendigo por precios principescos. Mi Santo, indignado.





A lo largo del par de horas las calles se llenan de visitantes vociferantes, así que hacemos unas cuantas fotos más del color local y salimos por piernas.






La tarde del sábado la gastamos a placer. Paseíto por el Strand y decepción en Twinings porque no tenían el té de vainilla que, prácticamente, originó este viaje. "Lo siento, señora. La semana que viene tendremos..." pero yo no estaré aquí... gruño para mí misma. El asunto té de vainilla no ha acabado aquí, pero mi Santo, que es un lince y sabe distraer mi atención, me conduce hacia el antídoto contra cualquier tipo de contratiempo: Forbidden Planet.
Olvidad vuestra concepción del friki de tienda de cómics, porque estará incompleta hasta que paséis por aquí ( o asistáis a Comic Con ) .
A no perderse la estantería de clásicos "re visitados" ( si clickais sobre la foto veréis los títulos y demás).





Cargados de libros y regalos frikis para algunos amigos que cumplen años por estas fechas ( éste, por ejemplo, para mi querido C. tan fan de Rocky ), paramos a reponer fuerzas en The Intrepid Fox, pub recomendado por nuestro omnicognisciente Toronto.
Rock & Roll a todo trapo, oscuridad y Magners bien fresquita...el paraíso.
Así, entre burbujas chispeantes y solos atronadores, nos mimetizamos con los parroquianos hasta acabar - no se sabe cómo - de vuelta al hotel.

11 comentarios:

Cristina dijo...

Me ha encantado esta crónica. Ah, tantas cosas que comentaría y/o que compartimos...

¡Qué bueno lo de las máquinas de coser! Yo no me acuerdo de qué marca era la tienda que yo vi, ¿sería la misma a uno y otro lado del Atlántico?

Yo debo reconocer que pese a gustarme muchísimo la película del mismo nombre, Notting Hill es una de mis grandes lagunas londinenses. Algún momento llegará en que pueda rellenarla, digo yo, y mientras tanto me conformo de sobra con verlo por a través de tus ojos.

Samedimanche dijo...

Ay, si, Cristina.Es curiosa esta osmosis viajera que tenemos este año, recordándonos ciudades que ambas adoramos y revisitándolo por los ojos de la otra. Suerte que tenemos intereses similares...
En cuanto a Notting Hill, nosotros solemos coger el hotel por la zona: barata, tranquila, bonita y bien comunicada. Siempre con Regent Park a tiro de pié cansado. No es el centro, pero está muy bien...

mathyld ▲under the pyramids▲ dijo...

WOAW !! This sewing-machines collection o___O

And of course, pies, giant teapots & books are good too :)
x x x
-m-

Natalia dijo...

oohhh!!! qué trauma con el te de vainilla! jajaajajaj
la verdad es que es gracioso! xo debería dar una rabia...
tengo ganas de saber como terminó todo! jajajaja
Pensé lo mismo cuando entré en la tienda de All Saints! jajaaja la verdad es que las máquinas de coses en el escaparate engañan verdad? entras y lo que hay es más bien ropa sucia y hecha para que la vista rihana!
En fin! ya nos contarás más aventuritas!

littleEmily dijo...

Pues, como Cristina, tampoco he estado nunca en Notting Hill. Reconozco que los turistas me echan mucho para atrás...

¡Lo que me he reído con Henry VIII Wolfman! A saber a que se dedicaban los reyes en su tiempo libre, ¿has visto el capítulo de Doctor Who con la reina Victoria y los hombres lobo? Genial.
La adaptación de clásicos debería estar castigado por ley.

Besos

Toronto dijo...

Sí, mucha abuela cebolleta, pero bien que olvidó el te de vainilla y se pasó a la pinta de cerveza en cuanto cruzó la puerta del Intrepid Fox! La abuela rockera, eso es usted! Y apunto Forbidden planet para cuando vaya a Londres, usted sí que es omnicogniscente y hasta fluorescente, oiga...usted más y usted más y más...

Samedimanche dijo...

Mathyld: London is always London...a diferent place and time, big things and small things.
Natàlia: el cas és que JA tinc el té. Ja us ho explicaré. ;D
Little Emily: me voy a delinquir por la red ahora mismo. Y, la próxima vez, dale una oportunidad al West End.
Toronto: No, tú más. Hasta el infinito. Rebota, rebota y en su culo explota...

Toronto dijo...

jajaja... será posible!?Podríamos llegar a infinitos comentarios... hasta que explote también el culo del señor Blogger... pero seré caballero y pararé. Bueno, ejem: Y tú más(no lo puedo evitar).

Samedimanche dijo...

Está bien, Toronto...paz bloggera.

María dijo...

Qué lástima lo del té de vainilla y aún peor que te digan que lo traen la semana que viene...eso duele!! De este mal también he sido digna sufridora. Lo de la semana que viene me sienta fatal.

Me ha gustado mucho leerte y perderme por Noting Hill, por Portobello Road...
Un placer disfrutar de tu crónica y fotos.
Besos!!

Samedimanche dijo...

Bienvenida, María, a nuestra excursión. Y si, lo del té duele...pero ya te adelanto que, una semana más tarde, compré cajas y cajas ¡¡en Carcasonne!! Mundo curioso.