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lunes, 13 de septiembre de 2010

London Again (V): Oxford bajo la lluvia.

Londres amaneció algo brumoso pero sin lluvia.
Al llegar a Oxford se abrió el cielo y creo que sigue abierto. No pudimos mojarnos más... y yo con unas flamantes botas de agua (que ya os enseñaré, son un souvenir de Portobello) en el hotel.
Pusimos al mal tiempo buena cara y comenzamos la visita por la librería Blackwell's, ideal para guarecerse, perderse y no salir jamás.




Sólo cabían tres clientes en 1879, cuando Benjamin Blackwell inauguró su modesto negocio de segunda mano. Hoy en día es una de las mayores librerías del mundo, con un sótano (la sala Norrington) que se extiende por debajo del vecino Trinity College y posee unos 5 kms de estanterías. Aunque hay diversas sucursales, la de Broad Street 48-51 colmará todas vuestras espectativas.




Tuvimos libros para rato. Pero aún así, no pudimos escapar a la atracción de la Bodleian Library ( a la que no pudimos acceder ) y su preciosísima tienda, a las que se entra por un recoleto patio ( el Old Schools Quadrangle ) señoreado por la famosa Torre de los Cinco Órdenes, ornamentada -en sentido ascendente- por elementos dóricos, toscanos, jónicos, corintios y compuesto, consiguiendo una extraña fascinación.





Pero no sólo de libros vive el visitante... y suerte del Covered Market que nos ofreció lo mejor de la gastronomía de la zona y un techo bajo el que cobijarnos.

Jacket Potatoes y pastel de ternera con champiñones en la magnífica tienda de David John. Entre la comida inglesa y la humedad del ambiente, para la hora del té ya se me había puesto el pelo a lo Margaret Thatcher...me consolé viendo que estabamos todos por un estilo. Y me olvidé por completo de mi "Oxford look" al cruzar la puerta de la Alice's Shop, donde una oveja gruñona despachaba a Alicia en A través del espejo...

Justo enfrente, el Christ Church. Espléndido. Inaugurado por Thomas Wolsey (Sam Neil para las fans de Los Tudor ) en 1525, está rodeado por unos jardines sencillos y muy, muy hermosos, capaces de hacerte olvidar que lleva lloviendo todo el día y tienes los pies absolutamente mojados.





En el tren si que fue imposible ignorar los pies, calcetinesy pantalones mojados. No nos trajimos un resfriado de recuerdo porque el calor de mi emoción calentaba el vagón entero...




En fin...hasta los espíritus de Evelyn Waugh, C. S. Lewis, J.R.R. Tolkien, Lewis Carroll o T.E. Lawrence debieron pasear ese día bajo un paraguas.

3 comentarios:

Cristina dijo...

Ay, qué envidia me das.

Manuel, que ha estado en Oxford (yo no), de vez en cuando es cruel y me habla maravillas de Blackwell's (cuya versión londinense en Charing Cross no es más que un pálido y minúsculo reflejo).

Me he reído mucho con lo de "el calor de tu emoción" en el tren de vuelta. Y ya veo que este año se llevan las botas de lluvia compradas en Inglaterra ;)

Samedimanche dijo...

Nada, mujer. En el próximo viaje. Sólo está a un ratito de tren y la estación está muy cerca, con lo que puedes volver cargada...;D
Y si, esperemos que sea un invierno lluvioso para poder lucir nuestras botas...eso si, que no sea muy frío porque el calor de mi emoción se agota...

Mercè dijo...

Siempre digo que unas botas de agua son imprescindibles! y más si estas en Londres!
Para las que no tengáis botas aún, en eBay podéis adquirir las míticas Hunter a buen precio.
La verdad es que si que dais envidia, incluso con los pies mojados! (cosa que odio).