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sábado, 6 de agosto de 2011

Monumentos y templos... París I.


Parecía que no llegaba nunca y ahora parece que haga ya años.
Supongo que el bochorno de los últimos días no ayuda gran cosa... en París hemos paseado acompañados de una brisa fresca y vivificante que hace mucho más duro el regreso y la reubicación.
A parte, me parece que tenemos muy poca repostería entre la que elegir y que en cuestión de oferta de refrescos tenemos una gama muy limitadita... eso si, en Barcelona para tomarte un café con leche o una coca-cola en cualquier bar no hay que empeñar la alianza de la abuela y los transbordos del metro son más cortos que los trayectos en si.
Pero aún con los precios desorbitados y los transbordos interminables, París ha sido una fiesta.
Como esta era la segunda vez que la visitábamos nos lo hemos tomado con calma... ha podido más el paseo que el museo. Hemos deambulado sin complejos y con poca premeditación, pero París es una de esas ciudades en las que siempre acabas frente a algo digno, cuando menos, de aflojar el paso y, cuando más, de detenerlo por completo. Historia, arte, comercio, jardinería... todos los gustos, por eclécticos o selectivos que sean, acabaran satisfaciéndose y mimándose.
¿Que queréis iglesias? A montones. ¿Que queréis tiendas? Os vais a hartar.



La galería de Saint- Etienne- du- Mont.


Ya en los alrededores del hotel teníamos la Iglesia de Saint Etienne du Mont, famosa por conservar una galería ( un jubée  ) maravillosa del siglo XVI y albergar las tumbas de Pascal y Racine.
Al bajar de la colina de Santa Genoveva,sobre la que está ubicada, empezamos con las sorpresas menos religiosas pero igualmente artísticas y la adoración en otro tipo de templos.
El barrio latino, en general, no anda escaso de atracciones, pero la tiendecita de Evelyne Chevalier es algo digno de verse: vestuario y complementos para auténticas damas y elegantes caballeros con el gusto algo fuera de tiempo...trajes, sombreros, foulares vaporosos y vestidos de charlestón. Todo precioso y considerablemente asequible. 



Aspasie et Mathieu, la tienda de Evelyne Chevalier en el 10 de la rue  des Carmes, que bien podría vestir al Gran Gastby y sus amigos.




Andando, andando, te adentras en la zona del Odeón y en Saint Germain des Près. Las placas conmemorativas no son azules, pero no pasan desapercibidas en su blancura. Todo el mundo ( que es mundo, ya me entendéis ) ha vivido en París o ha utilizado sus rincones como escenario de andanzas reales o ficticias. Al final, como en este caso, el encargad de la conmemoración opta por ahorrar mármol y compartir placa.


Placas y más placas conmemorativas: todo el mundo ha vivido en París .


Y tanto callejear abre el apetito. Y, en según que establecimientos, desboca el Síndrome de Stendhal. La Durée posee varios establecimientos en la capital del Sena a cual más encantador. Pero la de la rue Bonaparte se lleva la palma. Sus macarons no son de este mundo y su selección de tés es espectacular. No hay que perder la ocasión de visitarlas. Aunque parezcan  caras, la relación calidad- precio- escenario sale muy, muy a cuenta.


La Durée, el paraíso de los amantes de los salones de té. Imprescindible la tienda de la rue Bonaparte.


Digna de visitarse ( pero indigna  de comprar nada a esos precios ) es la mercería de la última planta de los almacenes Le Bon Marché de la rue de Sevres. Todo precioso: ideal para inspirarse y salir corriendo, cruzar la rue du Bac y entrar en el maravilloso mundo de La Grande Epicerie.



Carísima la mercería del ático de Le Bon Marché. Preciosa, eso si.


A no perderse La Grande Epicerie, justo enfrente del Bon Marché. El lugar en el que más tiempo estuvimos . Con diferencia. Aquí tenéis un pequeño ejemplo de lo que ofrecen en el sector de azúcar a capricho


La Grande Epicerie bien merece la inversión de tiempo y dinero: magníficos platos para llevar, frutería y panadería junto a una gloriosa selección de manjares de deseo. Desde su gran selección de azúcares o galletas a la hipnótica sección de tés e infusiones que alberga desde lo más granado de las tiendas de té parisinas a la caja conmemorativa del último enlace real británico. Imprescindible.



Chocolates Foucher, para chuparse los dedos. Y con preciosas cajas para diferentes surtidos. Esta  luce un diseño de Jacqueline Duché, de 1925.


Y, aún a riesgo de parecer una golosa irredenta, aún obligué a mi pobre Santo a visitar alguna chocolatería más: Foucher ( no os perdáis este enlace ) y Chapon.
No entiendo el escaso número de gordos que vi.



Más templos del chocolate: Chapon



12 comentarios:

Mar dijo...

Imposible escoger solo una cosa :)

Toronto dijo...

Pero cómo no llegasteis vestidos de Aspasie et Mathieu en el TGV! Bueno, elegante parece pero cómodo no mucho... esas pamelas asomando por el pasillo del tren y tapando el paisaje al vecino de vagón!
Eso sí, los macarons del Paul aunque no los miente, también buenísimos, menudo atracón!
A ver si encuentro tanto glamour en Córdoba, ya le explicaré!

Oscar dijo...

Pues en contra de todos mis pronósticos para este verano, también yo voy a acabar en Paris este verano, seguíré tus pasos. De las iglesias yo laúltima vez que estuve descubrí Sint Eustace que me aprecio una maravilla y estoy deseando volver a ver (donde nada menos que Luis XIV iba a comulgar, se bautizó a Richelieu y Mozart dio la misa por la muerte de su madre). Además la escultura de Henri Miller de la puerta me dejó pasmado.

Por cierto Toronto: en Córdoba (vivo aquí) esperaté menos Glamour, lo siento, y a día de hoy mismo, 43 grados. Pero espero que te guste.

Por cierto, a uno le sube la glucosa en sangre solo de ver las fotos.

Me alegro de que hayas disfrutado, que hay que tomar impulso para el resto del año.

Samedimanche dijo...

Mar: París entero es un vicio.
Toronto: la pamela - según la información de Oscar- te va a hacer falta a tí.
Oscar: Sant Eustace la tenía preparada y al final no fui. Y, si, el nivel de glucosa aumenta con pasar por los escaparates...pásalo bien por la ciudad luz!

Toronto dijo...

Pues venga! Prefiero un panamá, pero para ir a Córdoba buscaré pamela... y así poner algo de glamour donde no lo hay... porque se refería a eso, no, Samedí? ;)

Anónimo dijo...

Yo de París definitivamente me quedo con Ladurée (hmmm, sus macarons de vainilla) y con Shakespeare & Company (supongo que lo reservas para otra entrada), pero La Grande Epicerie con esas tazas y demás me ha picado la curiosdad.

Cristina dijo...

Acabo de dejar un comentario y no sé si se ha guardado...

Decía que de París me quedo con Ladurée y Shakespeare & Comapny pero que La Grande Epicerie con esas tazas etc me ha picado mucho la curiosidad.

(Perdón si me repito).

Samedimanche dijo...

Cristina, ya llega la Shakespeare y,si, una trilogía espléndida. no dejes de visitar la Epicerie en la próxima visita que hay tés a porrillo.

littleEmily dijo...

Quiero esa caja de bombones!!!!

Después del momento atracón que me daría, vete a saber cuando volveré a París de nuevo pero me apunto Epicerie. Eso sí, sin visitas a museos un viaje no es para mi un viaje: tengo que ir a unos cuantos, ya me conoces y cuanto más frikis o raros, mejor ;)

Oscar dijo...

Voy a tratar de visitar otra librería además de S&Co.
Se llama "The Abbey shop". Esta muy cerca de la antedicha y es una librería canadiense en inglés con buena pinta. La conoces y/o has estado?

Natalia dijo...

ohh! Pepa!
qué de sitios!!!
me apunto algunos para cuando vuelva!
yo me enamoré de chambon por la cajita de los bombones!!!

Nos vemos pronto!!!

Oscar dijo...

La Durée me la encontré de casualidad y les encantó a mis hijas y mi mujer. Y a mi también, vamos.
Saludos.