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lunes, 20 de diciembre de 2010

W: Winter. De Winter.





Max de Winter parecía perfecto.
De entrada, tenía la percha de Lawrence Olivier. Era viudo, rico, encantador y se enamora se una sosa de manual.
La que haya leído algo ya hubiera intuido que escondía algo.
La loca no estaba en el desván: la loca estaba muerta... muerta y omnipresente.





pero, aún con eso, yo me hubiese convertido encantada en la segunda ( o en la tercera, si me apuran ) señora De Winter.
De entrada hubiese reconstruido Manderley. Y después, siguiendo los impagables consejos de Alejandro Jodorowski, hubiese miccionado sobre la tumba de Rebecca. Y sobre la de la señora Danvers.




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