Se acabó. Hasta aquí llegó la llamada “campaña” navideña 2009-10. Campaña, como las militares. Un pequeño ejército de exhaustos soldaditos capitaneados por un líder canijo e insuficiente enfrentándose a una marea inagotable de compradores enloquecidos que son como los nuevos zombis: rápidos, sanguinarios y descerebrados.
Pero se acabó.
Pero se acabó.
Se acabó también la sarta de lecturas recreativas que , por accidente, me han acompañado estos días. Vale que mi cerebro no estaba para Joyce, pero no esperaba caer en las garras de lecturas tan decepcionantes. Vaya como aviso.
- Drácula, el no muerto. De Dacre Stoker ( vergüenza debería darle ) e Ian Holt. Una supuesta continuación de la acción de Drácula de Bram Stoker pergreñada por un tatarasobrino que merecería arder en el infierno, dirigida – curiosamente – a aquellos que no hayan leído el libro y sólo hayan visto la película de Coppola ( quien, con tres ingleses, un americano y un holandés hizo un chiste del material original ).

- Dickens Superstar: si habeis de elegir entre uno de los libros sobre Dickens que se disputaban hasta hace poco las mesas de las librerías, elegid el de Pearl… que yo creía que era malo hasta que leí el de Simmons ( Roca editorial me tiene contenta). Ambos usan a Dickens como excusa para erigir una sarta de vacuidades pseudo criminales en torno a la creación de la inacabada El misterio de Edwin Drood. Mejor, leed a Dickens y después ya veremos…
Pero ( gracias a que esta vez hay un pero ), un pequeño librito de cuentos ha venido a quitarme el mal sabor de boca que dejaron estos mamotretos… en el bote pequeño bla, bla, bla.
Gracias, O. Henry, por escribir esos cuentos tan maravillosos, por el derroche de imaginación y maestría, por esa perspectiva cristalina sobre los detalles de las minúsculas vidas cotidianas. Gracias por la concreción y la justa medida. Y gracias a Eneida por traducírnoslos al lector unilingüe. No os lo podeis perder:
O. Henry.
El filtro de amor de Ikey Schoenstein.
Editorial Eneida.Madrid, 2009.