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lunes, 2 de febrero de 2015

Los viajeros de la noche: una golem y un genio se encuentran en Nueva York.



Hemos creado al hombre de barro, de arcilla moldeable
Antes, del fuego ardiente habíamos creado a los genios.

(Corán, 15, 26-27)


Este es un libro fabuloso en toda la extensión de la palabra. Por un lado, se sumerge en la ficción mitológica para moldear sus protagonistas; por otro, crea esa ficción para disimular una verdad.
Los viajeros de la noche nos adentra en la experiencia vital de unos seres extraordinarios que se ven sometidos a sentimientos ordinarios... porque supongo no hace falta ser una criatura fabulosa para sentirse solo, confuso o perdido, porque las personas nos resultamos extrañas las unas a las otras, incomprensibles o incomprensivas o ambas cosas a la vez sin necesidad de rasgos mágicos. A las personas nos separan tradiciones culturales, complejidades globales o sencillos sentimientos individuales...justo las mismas cosas que, paradójicamente, nos unen.



Emigrantes en Ellis Island



Así, el hecho de que los principales protagonistas de esta historia provengan de la Europa de tradición judía o del oriente de tradiciones cristiana o musulmana, o la casualidad de que la una sea una criatura de barro creada para obedecer y el otro un espíritu de fuego de acérrima individualidad, pasa de ser , verbigracia de Helene Wecker, un detalle accesorio en una trama de evolución personal, de conocimiento y de reconocimiento. Y gran parte de esta magia se debe al gran acierto de su localización: el Nueva York del siglo XIX, tierra de oportunidades, crisol de culturas, que ofrece una oportunidad única de dejar atrás el pasado, cambiar de nombre y cambiar por completo de vida...o una solución de continuidad, de integrarse en un barrio habitado y vivido exclusivamente por compatriotas de costumbres arraigadas porque un cambio geográfico no tiene por qué serlo también cultural por más kilómetros que se recorran. Un cruce de caminos que empequeñece el mundo, centra nuestra mirada y nos aleja del pasado y el futuro hasta distancias insospechadas... Y es en esta compleja ciudad donde el destino quiere que se encuentren un golem y un genio.



La fuente de Bethesta, El ángel de las aguas,  uno de los preciosos escenarios de la novela.


Un golem es una criatura de la mitología talmúdica, aparentemente sin sexo pero generalmente construida a imagen y semejanza del hombre por un rabino o un sabio quien, al igual que Dios crease a Adán, lo moldea en arcilla y le insufla vida por medio de la palabra. Esta palabra suele escribirse en un papel o en la frente del mismo golem, de donde se borra una letra para transformar la orden “vida” en “muerte”. Su creación responde a la necesidad de protección de un individuo o pueblo, por lo que son criaturas tan obedientes como peligrosas.

Pero en esta novela, la creación del golem sobrepasa el utilitarismo o la necesidad de fuerza bruta porque, a la hora de definir el que será el carácter de la criatura, el demandante recuerda el amor que sentía por una hermana pequeña ya desaparecida y solicita aquello que más admiraba en la niña: curiosidad e inteligencia y una compostura que la convierta en la perfecta esposa de un caballero. Obediente será por naturaleza...pero además será una criatura inquisitiva, modesta y educada...para su desgracia ¿o no sabemos qué le ocurrió, prácticamente por lo mismo, a la criatura a la que dio vida el Doctor Frankestein?. Dotar a una criatura de intelecto y abandonarla después a su suerte no suele acabar bien... Afortunadamente, nuestra protagonista conoció a su amo el tiempo suficiente para darse cuenta que no se quedó sola por miedo o incapacidad de su creador, ahorrándose el arraigo del rencor que tan malos sentimientos provocó en la criatura ideada por Mary Shelley.

Nuestra Golem ( que recién llegada a América recibe el nombre de Chava, sin haber pasado por las incomprensiones lingüísticas y fonéticas tan habituales en Ellis Island) tiene la suerte de empezar de cero, sin conocimiento previo de la cultura que la creó, sin condicionantes importados y con la inusual ventaja añadida de poseer el papel que puede quitarle la vida. El genio, bautizado como Ahmad, no tiene, en cambio, un periodo de adaptación, un conocimiento paulatino: despierta en medio de un lugar extraño, entre desconocidos, sin conciencia de cómo o porqué ha llegado allí, cuando el estaba encantado con su vida dedicada al placer.

Los genios, en la tradición islámica, son la tercera creación de Dios, tras los hombres y los ángeles, creados de fuego sin humo y dotados de libre albedrío. En algunas zonas son más o menos taimados o esquivos, pero acostumbran a ser criaturas sin arraigo ni más preocupación que satisfacer sus necesidades más nimias...Así, que la suerte está echada cuando la casualidad une a estos dos seres perdidos y confusos, ambos insuflados del hábito divido pero imbuidos de las dudas y preocupaciones humanas, la necesidad de mantenerse ocupados y de ganarse la vida, de desarrollar sus capacidades y de labrarse una existencia, ayudándose el uno al otro, complementándose y atemperando sus características.

La novela entrecruza con eficiente soltura las experiencias vitales de nuestros protagonistas, pero también de todos aquellos que más o menos directamente han tenido que ver con el desarrollo de sus circunstancias o que tendrán que ver son su resolución. Amigos y enemigos aparecerán y llevarán a cabo su parte en este maravilloso drama de autoconocimiento. Los personajes participarán en la densidad de una trama tejida con soltura gracias a pequeños hilos de revelaciones, envolviendo al lector para que cada vez se le haga más difícil el hecho de tener que abandonar la lectura porque queremos compartir con ellos el miedo a morir o a hacer daño, a sufrir o a sentirnos solos. Queremos acompañarlos en sus momentos de duda, conocer sus historias y deseos más íntimos, verlos sonreír, verlos sanar.

¿Es este, entonces, un libro fantástico? No tanto por atenernos a la naturaleza de sus protagonistas, si no por resultar una creación magnífica, no tanto en su acepción extraordinaria como en su capacidad de maravillarnos con su alma sencilla.



El Golem de Paul Wegener. Precioso acercamiento a la leyenda del Golem de Praga realizada en 1920


Helene Wecker, Los viajeros de la noche.
Tusquets Editores. Barcelona, 2014.
ISBN: 978-84-8383-930-0
512 p.

Traducción de Isabel Margelí.

domingo, 2 de marzo de 2014

En cualquier caso, ningún remordimiento.


                                       La bande à Bonnot en Café Crime. Para francófonos curiosos.


Recuerdo una reunión de La Sartén Littéraire en la que salió a relucir Los Miserables de Víctor Hugo. Yo me posicioné del lado de Valjean, defendiendo que las personas pueden cambiar, que el medio puede cambiar y las intenciones y reacciones corregirse. El pasado no desparece pero el futuro puede redefinirse. Mi amiga Insonrible se posicionó en contra (nosotras somos así), argumentando en contra de la posibilidad de cambio, descalificando a Valjean como personaje creíble.
A Insonrible le encantará este libro y la caída cual bola de nieve de Jules Bonnot, como una lata a la que la miseria da una patada para lanzarla por una cuesta abajo a la que la mala suerte allana el camino.



Foto familiar anterior a  1906.


Jules Bonnot nació bajo una mala estrella. Creció falto de cariño, superado por la violencia y excedido por la injusticia. En su vida apenas hubo hueco para la esperanza...el poco espacio libre lo llenó la miseria y la inquina. Intentó deshacerse de la una y de la otra, escapar de la ira y el desengaño, labrarse una vida normal, tranquila y digna y fracasó estrepitosamente. Si siquiera el ejército era para él, mucho menos el trabajo urbano o rural, el amor, la paz doméstica o la familia.
El socialismo y la anarquía se desarrollaron abonados por el mal fario, la energía y el odio contenido, los abusos y el desconsuelo. Sólo su amor por la mecánica y los aún novedosos automóviles parecían otorgar algo de luz a la penumbra de sus días.
Se rebeló como un gran mecánico y un gran conductor ( llegó a ser chófer de Sir Arthur Conan Doyle, en un intento de alejarse de la mala fama que lo perseguía en su Francia natal) pero el destino lo hizo resbalar cuando apareció Plátano, un compadre un tanto desequilibrado con el que empezaría una exitosa carrera delictiva.



Un joven Bonnot detenido en 1896

Ficha policial de Jules Bonnot, 1912. ¿Qué se apagó en los ojos de Bonnot entre estas dos fotografías?


Fueron años de convulsión social, de lucha obrera, prosperidad burguesa, desequilibrio, injusticia, desconfianza, de incomprensión entre clases y entre personas. Europa era un hervidero y muchos se encontraron bajo la presión de la miseria. La explosión estaba garantizada.
Bonnot y sus compinches llevaron a cabo una serie de actos criminales que la prensa y la policía transformaron en terrorismo, mataron, saquearon y robaron, pero también fueron héroes.
Muy lejos tanto del tono heroico como del moralismo ejemplificante se encuentra el trabajo de Pino Cacucci.
Novela negra, y mucho, En cualquier caso, ningún remordimiento, nos ofrece un retrato inmisericorde de la sociedad de su tiempo, de las sombras de la prosperidad y de los sueños de la razón.
Con mano firme y elegante, Cacucci entrelaza realidad, violencia y poesía para ofrecernos una serie de hechos -desgraciadamente, nada extraordinarios- tal y como en verdad pudieron haber sido puesto que lo que pasó de verdad nunca lo sabremos.
Un libro impresionante, de los que te dejan unos días sin aliento, con miles de ideas bullendo en la cabeza y sentimientos encontrados, de los que requieren tiempo para asumirlo. Un personaje que despierta pena, disgusto o miedo, pero que en ningún caso dejará a nadie indiferente. En mi caso, ya forma parte del imaginario particular...ahí está, entre Valjean y el monstruo de Frankenstein.

Hoja de Lata  vuelve a ganarse mi más sincera admiración.




Para ponerle rostro a los protagonistas de esta obra, retratados según el sistema Bertillon, no dejéis de visitar Photographic Bee.

Sobre la relación de Bonnot y Conan Doyle, podemos repasar el breve capítulo 20 (Conan Doyle y el bandido motorizado) de Conan Doyle, detective. Los crímenes reales que investigó el creador de Sherlock Holmes, de Peter Costello y publicado por Alba.
Y para leer más sobre el caso de George Edaji, siempre podemos dirigirnos a Arthur & George, sugerente versión de la historia a cargo de Julian Barnes. Editado por Anagrama.



martes, 5 de noviembre de 2013

El océano al final del camino: sobrevivir a la infancia.


Supongo que hacerse mayor es ir cerrando asuntos. Olvidar cosas. Finiquitar.
Hay a quien le cuesta más y a quien le cuesta menos. Hay quien, incluso, deja alguna puerta abierta o una ventana entornada entre el sueño y el recuerdo, las luces de la vigilia y la realidad.
A veces pensamos que esa imagen que nos estremece emergió de una noche de pesadilla cuando es una vivencia puesta a secar. Otras, recordamos cosas con tal claridad que nos resulta imposible creer que no fuese cierto, que no protagonizáramos tan maravilloso recuerdo.
Neil Gaiman es único moviéndose en esa zona deshilachada y deslavazada, recordándonos al niño que fuimos y aquella lejana participación en la magia, el duermevela de nuestra infancia que aún se agazapa en nuestro cerebro reptiliano... Gaiman apunta directo a esa parte nuestra que se pregunta “¿quién anda ahí?” cuando el viento acaricia nuestros cabellos.
Limitar el trabajo de Gaiman a un género es arrancarle las patas a la araña y decir que se ha quedado sorda. Sus trabajos anteriores ya nos han enseñado que para que nuestra mente levante el vuelo no hay que perder del todo de vista la tierra y por muy extraño y fantástico sea lo que nos explica, en el fondo, es tan verosímil como una agenda.





En El océano al final del camino, el narrador atraviesa una especie de portal de los recuerdos tras asistir a un funeral (¿qué nos convierte, de golpe, en adulto mejor que un funeral? Los funerales eliminan distancias entre la muerte y nosotros mismos, poniéndonos en primera y descarnada línea de desaparición. Un funeral parece señalarte con un dedo huesudo y gritar”tú serás el siguiente”). Vestido de luto, conduce por la campiña inglesa y prácticamente naufraga en los parajes en los que vivió unos años de su infancia. La casa de su familia ya no existe, pero el paisaje le da la bienvenida y sacude sus recuerdos.

Nuestro narrador fue un joven solitario, lector voraz en una casa que ha de alquilar un cuanto para huéspedes a fin de subsistir. Esta habitación la ocupa un minero australiano que, con su terrenal presencia activa, sin saberlo, toda una cadena de acontecimientos. Nada más aparecer, enfrenta a nuestro pequeño protagonista con la muerte, violenta, inesperada, y con la imposibilidad de sustituir lo que ha desparecido aunque, curiosamente, su desaparición, desencadene la magia.
El narrador recuerda a las extrañas vecinas que vivían en la casa más cercana a la suya, la granja de las Hempstock, tres generaciones femeninas de una misma familia, y cómo se hizo amigo de la pequeña Lettie. Recuerda el pequeño estanque que su amiga consideraba un océano y rememora las historias que le contó y las peripecias que compartieron.




Y es que, como muy bien nos relata Gaiman, la infancia no es tan simple como ir al colegio, jugar en la calle y ser querido. La infancia también contiene oscuridad, miedo y superación. Si no, nadie querría ser adulto.
La infancia es terreno abonado para los miedos y las tristezas porque nuestro pensamiento mágico aún no ha sido sepultado por preocupaciones tangibles y problemas concretos. Cualquier adulto imaginativo lo recuerda, porque es precisamente la imaginación, la capacidad de suspender la incredulidad, la que nos acerca al lector que somos, al niño que fuimos, es lo que nos permite disfrutar de libros como este.






Y es que Gaiman es imaginativo pero no iluso, y sabe muy bien a qué altura sostener el candil para que veamos el camino que abre ante nosotros. Su voz, cotidiana y reconocible nos lleva por vericuetos que creíamos olvidados y rescata el eco de aquellas sombras que poblaron nuestra habitación infantil, que se han tornado en horas extras para mantener a la familia, presupuestos impagables para reparaciones imprescindibles, pérdida de amigos, desazón inexplicable.

Gaiman nos recuerda la magia, buena y mala, y que a veces hay que hacer lo que hay que hacer. Lo que aprendemos, permanece y nos impulsa hacia la edad adulta. Una edad adulta que hunde sus cimientos en la magia pasada.




Neil Gaiman, El océano al final del camino.
Roca Editorial; Barcelona, 2013,

ISBN: 978-84-9918-657-3

sábado, 2 de noviembre de 2013

Christopher Walken y punto.


Fabulosa campaña de Jack & Jones para el otoño-invierno.
Made From Cool.

Creo que este sastre es pariente del constructor de Eduardo Manostijeras.









lunes, 28 de octubre de 2013

20 años sin Vincent Price.



Lo bueno de los mitos es que, aunque nos dejen, nunca desparecen.
20 años hace ya de la muerte del gran Vincent Price.
Perfecto caballero y perfecto loco peligroso, Price me ha regalado algunos de los momentos cinematográficos más maravillosos de mi vida y, ¿porqué no decirlo?, algunos de los más entrañables.
Aún siento ensancharse un huequecito en mi corazón cuando le veo en Eduardo manostijeras, cuando le oigo leer The Raven, cuando le pone rostro a sir Henry Baskerville.
Si hubiese podido elegir hubiese sido mi abuelo.





Fue sir Walter Raleigh en La vida privada de Elisabeth y Essex y el duque de Clarence en La torre de Londres. Lo vimos en Laura y en La canción de Bernardette, en Que el cielo la juzgue, en Los tres mosqueteros... luego llegó Roger Corman y lo coloreó como nadie al frente de las adaptaciones de E.A. Poe, después se perdió en la televisión hasta Michael Jackson y Tim Burton.
Y luego se fue, dejándonos momentos extraordinarios.










Vincent Price a los 18 años.



lunes, 12 de agosto de 2013

Five Points, Whitechapel


Verano en la ciudad.
Bueno, en las ciudades.
Concretamente en sus barrios menos favorecidos, recién devastados por hechos violentos y patrullados por detectives huraños que han perdido una hija y buscan a su mujer (física o emocionalmente), secundados por un compañero claramente leal y otro un tanto turbio y los impagables conocimientos de un médico pionero en asuntos forenses. 
Todo sin moverse del sofá y con el aire acondicionado a tope gracias a la BBC.
Dos estupendas series policíacas, con magníficos decorados de época, oscuras y super pobladas, a lado y lado del Atlántico: Copper y Ripper Street.
Se parecen, pero no son iguales.


New York, 1864. Inmersa en plena Guerra Civil, la ciudad se recupera, a duras penas de las revueltas y las epidemias de los años anteriores.
El detective Kevin Corcoran  (Tom Weston-Jones) de la comisaría del distrito sexto se mueve como pez en el agua por las tripas de Five Points, acompañado de su amigo Francis Maguire  (Kevin Ryan) y ayudado por el adinerado  Robert Morehouse (Kyle Schmid)  y el doctor Mathew Freeman (Ato Essadoh), desentrañando misterios, buscando al asesino de su hijita y siguiendo la pista de su desaparecida esposa.
Política, guerra, corrupción, bandas,  racismo, prostitución...de todo y más en la Nueva York más hacinada.




A no perderse su  fabuloso blog



Londres, 1889. La ciudad entera aún se estremece con los ecos de los horribles asesinatos de Jack el Destripador. El otoño del terror da paso a un invierno y una primavera hipersensibilizadas y suspicaces. La población ve la sombra del Destripador en cualquier acto violento y la división H de la comisaría de Whitechapel soporta las sacudidas en el ojo del huracán.
En ella, el detective Edmund Reid (Mathew Macfayden, conocido de sobras por estos lares), ayudado por su leal sargento, Bennet Drake ( Jerome Flyn, el impagable Bronn de Juego de Tronos), y el más esquivo  capitán Homer Jackson (Adam Rothenberg) se enfrenta a todo tipo de crímenes entre corrupción y degradación mientras intenta superar la muerte de su hija y prueba a salvar su matrimonio.
Fácil no lo va a tener.








sábado, 30 de marzo de 2013

La bella y la Bestia, 1987.




Es el signo de los tiempos.
A un pobre muchacho le pones una cicatriz que le cruce la cara y ya tenemos una Bestia para  las adolescentes de 2012.
En mis tiempos tenía que tener, por lo menos, la pinta de un león de 2 metros con la melena de David Coverdale y ser fan de Dickens.






Éramos apenas unos adolescentes cuando la recién estrenada TV3 emitió Beauty and the Beast en descabellado horario de sobremesa...todo un motivo para faltar a clase y sumergirse en los mágicos túneles de la ciudad de Nueva York.
Vincent era una criatura extraordinaria, un cachito de pan felino al que nunca le vi la pega...creo que sin él mi gusto por lo bizarro y mi particular concepto de la belleza no sería el que es. Porque, si, era un poco peludo y tenía garras, pero llevaba una ropa chulísima y vivía en una especie de paraíso del Arts & Crafts subterráneo.
Katherine era un encanto de niña pija que supo ver más allá de su vida acomodada y pasar a ayudar al fiscal de la por entonces bastante peligrosa urbe al tiempo que se enamoraba perdidamente de su ángel guardián super furry.
La serie duró apenas tres temporadas, con huida de Linda Hamilton al tercer año, pero fue suficiente para dejar tras de si legiones de seguidores ( me he quedado de piedra al encontrar esta página) y degustadores de cierto tipo de fantástico Romántico que siempre la recordarían con cariño.
Después vimos Buffy caza vampiros, Sobrenatural, True Blood...pero en el principio fue La Bella y la Bestia, con toda su ñoñez y su inocencia, con sus carencias argumentales y sus efectos especiales analógicos, con su encanto y su belleza.






It was the best of times, it was the worst of times, it was the age of wisdom, it was the age of foolishness, it was the epoch of belief, it was the epoch of incredulity, it was the season of Light, it was the season of Darkness, it was the spring of hope, it was the winter of despair, we had everything before us, we had nothing before us, we were all going direct to heaven, we were all going direct the other way - in short, the period was so far like the present period, that some of its noisiest authorities insisted on its being received, for good or for evil, in the superlative degree of comparison only.

Charles Dickens, A Tale of Two Cities

miércoles, 23 de enero de 2013

Vandalismo libresco.


O qué hacer con tus libros cuando ya no caben en casa.





En casa, la Navidad suele anunciarse con un deseo irrefrenable de ordenar y limpiar la habitación de los libros.
Es un momento perfecto para dejarlos como nuevos, deshacerse de aquellos volúmenes que ya sabes que no volverás a mirar y conseguir algo de espacio para los que se esperan.
Eso si, por malo que me pareciese cualquiera de ellos, no tengo corazón para tirarlos a la basura o al contenedor azul...los libros han de pasar por manos y ojos hasta deshacerse aunque sean volúmenes de poco valor material.
Antes los llevaba a bibliotecas y salas de lectura, pero se han vuelto muy selectivos y sólo aceptan documentos en relacionados con la colección local o el fondo especializado de  cada sede.
Comentándolo con unas amigas, me di cuenta de que muchas están muy descolocadas...la negativa de las bibliotecas las ha confundido lo suficiente como para caer en el vandalismo libresco.
Algunas los van introduciendo en pequeñas dosis en los buzones de devolución de las bibliotecas tiquis miquis. Otras los liberan en bancos del parque...¡hay incluso quien ha llegado a arrojarlos por encima de la valla de un colegio!

Tranquilas, almas inquietas. Ahora mismo os doy una lista de lugares  ( en Barcelona) en los que vuestros libros desechados serán muy bien recibidos. 






C/ Astúries, 44.
También aceptan películas, vinilos, CD's y lo que se tercie. También es un lugar fabuloso para comprar productos de 2ª mano. Es como la cueva de Aladino pero regentada por las Teresines.

C/ Sant Màrius, 53
902 360 987

(ediciones a partir de 1997. No llevéis los incunables. yo tampoco llevaría novelas policiacas)
932 140 172








Si no, siempre podéis hacer crecer vuestras propias setas en libros viejos. Si, si, como lo leeis Aquí.
O hacerles un recorte interno y secreto para guardar la petaca.
O convertirlos en bolsos como hacen en Novel Creations.






viernes, 30 de noviembre de 2012

Deseo de cambio. Miedo al cambio.



Últimamente ando muy liada.
Pero, aunque escribo poco, leo mucho. Y bien.
Estoy encantada con mis dos últimas lecturas, ambas protagonizadas por mujeres, pero ambas tan opuestas en su actitud vital, en su postura ante los cambios, que parece que las haya elegido a propósito.



Dos fotografías de Kate Chopin.



Edna Pontellier es la protagonista de El despertar de Kate Chopin, libro y autora que no conocía cuando se me tiró a los brazos en una de mis librerías de cabecera. No fue una presentación muy correcta, pero si fue un flechazo.
A Edna Pontellier se la ha comparado mucho ( lo hizo, incluso, Willa Cather, con una estrechez de miras muy poco habitual de la magnífica escritora ) con Madame Bovary, porque son mujeres casadas que pretenden romper con sus anodinas existencias de ángeles del hogar burgués. pero creo que ahí acaba la semejanza.
Porque mientras a Emma Bovary la envenenaron los libros y miente y engaña para vivir un espejismo romántico, lujoso y excitante, Edna Pontellier florece desde sí misma y es, ante todo, sincera en sus intenciones. No oculta a su esposo su deseo de evolucionar y desarrollarse como mujer, alejándose del dinero y el ambiente marital, no busca lo extraordinario, la pasión desbordada o la pertenencia amorosa. Edna quiere pertenecerse a sí misma por duro que sea. Quiere ser.



Me ha costado mucho encontrar una foto buena de Shirley Jackson.



Por su parte, Merricat Blackwood se comparte en un círculo muy cerrado ( su hermana Constance, su tío Julian y su gato Jonas ) y pretende por todos los medios que éste permanezca inmutable.
Para ello no duda en usar su propia magia simpática, compuesta de estatuillas de cerámica enterradas en el jardín, libros clavados en árboles, palabras protectoras,  verjas y candados.
No pueden evitar ser el centro de atención desde que toda su familia murió envenenada en torno a la mesa de la cena, pero si pueden evitar relacionarse más allá de lo estrictamente necesario con ese mundo que las odia y las teme... hasta que lo extraño, lo ajeno, irrumpe sin ser invitado en su mundo particular, cerrado, mágico.
No se hace hincapié en si las Blackwood son unas envenenadoras, unas chicas raras o en si están locas. Se hace hincapié, sin embargo, en el hechizo, en lo feérico cotidiano, en el deseo de inmutabilidad.

Hace tiempo que Oscar nos comentaba lo mucho que le había gustado el libro de Shirley Jackson y cómo se había reído con él. Comparto completamente su opinión.
Porque siniestras, extrañas o entrañables, las protagonistas de Siempre hemos vivido en el castillo se hacen querer y desarrollan en el lector el profundo deseo de que se les permita seguir siendo ellas, a su modo, con su ritmo extraño para los días, con sus maneras curiosas, con su liturgia particular.

Dos lecturas muy recomendables aún en su diferencia de planteamientos. Y aconsejo, también, no dejar escapar las biografías de sus autoras.
Mientras Kate Chopin fue una ilustrada dama sureña, viuda precoz y matriarca de una familia feliz, curiosísima intelectualmente y campeona de los derechos femeninos avant la lettre, Shirley Jackson cultivó su gran talento para lo outrée a la par que su sobrepeso y  su adicción al tabaco entre recaídas de sus problemas psicológicos.
Dos mundos distintos, dos personalidades opuestas, pero dos talentos inmensos.




Kate Chopin, El despertar.
Madrid: Cátedra, 2012. ISBN 978-84-376-3033-5

Shirley Jackson, Siempre hemos vivido en el castillo.
Barcelona: Minúscula, 2012. ISBN 978-84-95587-89-3

sábado, 20 de octubre de 2012

Oscuro, oscuro Londres.

Recientemente, mi Santo y yo comentábamos frente al televisor que hay que ver lo poco que conocemos Londres con la de veces que hemos estado...
No es sólo que tendamos a visitar siempre casi los mismos sitios sino también que a ojos del visitante, hay un Londres que, aunque no permanece oculto, se nos mantiene alejado de la vista. Un Londres desconocido, oscuro, amenazante y, si, feo. Muy feo. Un Londres que apenas podemos reconocer desde nuestra experiencia.
En ese Londres no hay librerías, museos o mercadillos. Ese Londres rezuma peligro y está trufado de gente rara y...asesinos. Y no asesinos de esos de aprovechar la oportunidad...¡qué va! Asesinos-asesinos, psicópatas y tarados.
O al menos eso parece desde nuestro sofá.







Todo empezó con Whitechapel, serie  que en su primera temporada nos planta frente a un imitador de Jack el Destripador que, como el original, una vez realizada su sangrienta obra desaparece sin más.
En la segunda y tercera  temporadas resucitan el espíritu de los malogrados hermanos Kray, alejándose de la edulcorada versión que rodaron en 1990 los hermanos Kemp ( más conocidos como "los de los hoyuelos de Spandau Ballet").
Nuestros paseos por Whitechapel y Spitalfields no nos habían preparado para la sordidez, la bruma, la oscuridad y la amenaza que rezuma cada fotograma de la serie.
Eso si, empezó a prepararnos para la niebla asesina que nos esperaba... porque pronto llegó Sherlock.
El Londres de A. C. Doyle sería más misterioso, enmarcado en smog y luces de gas, pero el Londres de Estudio en rosa da muy mal rollo por más que podamos entrever algún rincón conocido.







Pero lo peor estaba por llegar...de la mano del detective John Luther (con el aspecto y el clasón de Idris Elba , recientemente visto conduciendo -¿se conducen las naves espaciales? ¿Se pilotan, quizás?- el Prometheus de Ridley Scott) en Luther.
Contrariamente a Holmes, Luther es un hombre intenso, fuerte y violentamente emotivo que se pasea por un Londres  tan anodino como peligroso, plagado de bichos raros con una idea muy equivocada de la diversión.
De entrada, entabla una curiosa relación con una asesina de lo más excéntrica, a la que pone rostro Ruth Wilson, por aquí seguramente conocida por haber sido la Jane Eyre de Toby Stephens... con la diferencia de que aquí la que se merece un desván es ella.
Un tanto angustiosa, pero resulta una serie ( de momento hay dos temporadas) de lo más recomendable.
Os desafío a que encontréis una calle agradable para pasear... 




lunes, 5 de marzo de 2012

El callejón de las almas perdidas. Come to the side show...




"   - Solo porque soy tu amigo no te voy a mandar a la mierda. Quieres saber de dónde salen los monstruos. Muy bien, escucha: lo los encuentras, los creas.
   Dejó que el otro asimilara sus palabras, pero Stanton Carlisle no movió un músculo.
   - Muy bien. Pero ¿cómo?
   Hoatley agarró al joven  por la pechera de la camisa y lo atrajo hacia sí.
   - Escucha, chaval. ¿Tengo que dibujarte un maldito esquema? Eliges a un tipo y ese tipo no es un monstruo, es un borracho. Uno de esos imbéciles que se beben una botella al día.. Y entonces vas y le dices: "Tengo un trabajito para ti. Es temporal. Hemos de conseguir un nuevo monstruo, Así que, hasta que lo consigamos, te pondrás el traje del monstruo y fingirás". Le dices: "No tienes que hacer nada. Llevarás una hoja de afeitar en la mano y cuando cojas al polluelo le haces un corte con la hoja y luego finges que te bebes su sangre. lo mismo con las ratas. Esos panolis no verán la diferencia".
   Hoatley recorrió la avenida central con la mirada, estudiando al público. Se volvió hacia Stan.
   - Bueno, pues el tipo lo hace durante una semana y tú te das cuenta de que le gusta tener su botella de manera regular y un lugar en el que dormir. Le encanta. Para él esto es el cielo. Así que al cabo de una semana le dices algo así, le dices: "Bueno, tengo que conseguir a un monstruo de verdad. Ya has terminado": Se asusta, porque nada asusta tanto a un alcohólico de verdad como la posibilidad de quedarse en el dique seco y le dé la tiritona. Así que te dice:"¿Qué ocurre?¿Es que no lo estoy haciendo bien?". Y tú le contestas."Lo que haces es una mierda. Con un monstruo de pega no viene público. Entrega tu vestuario. Has acabado". Entonces te alejas. Él te viene detrás implorando que le des otra oportunidad, y le dices:"De acuerdo. Pero después de esta noche tienes que irte". Pero le das la botella.
   "Aquella noche alargas el rollo que le sueltas al público y exageras aún más. Y todo el rato que pases hablando el tipo estará pensando en que no podrá beber y le entrará la tiritona. Le das tiempo para pensar, mientras estás hablando. Entonces tiras el polluelo. Ya lo has convertido en un monstruo".








   "Las preguntas formuladas siguen una pauta recurrente. Por cada preguntas insólita habrá cincuenta que habrás oído antes. La naturaleza humana es siempre la misma. Todos tienen los mismos problemas. Están preocupados. Se puede controlar a cualquiera averiguando de qué tiene miedo. Funciona con el número de las preguntas y respuestas. Imagina las cosas que le dan miedo a casi todo el mundo y acertarás de pleno. Salud, Riqueza, Amor. Y Viajar y Tener Éxito. Todos temen la enfermedad, la pobreza, el aburrimiento y el fracaso. El miedo es la clave de la naturaleza humana. Tienen miedo..."





Reconozco que no soy circense... pero si monstruosa (metafóricamente). Me va más el mentalismo, la adivinación o atravesar la América de la depresión en trenes y carromatos.
De todo hay en El callejón de las almas perdidas.
Y amor , decepción, crecimiento y transformación.
Una lectura a no perderse.



William Lindsay Gresham, El callejón de las almas perdidas.
Traducción de Damià Alou.
Barcelona: Sajalín editores S.L., 2011
ISBN: 978-84-938051-9-7


Imágenes extraídas de aquí.

martes, 20 de diciembre de 2011

Cuidado con Santa.



Entre Dickens y la Coca Cola lograron crear y extender una imagen confortable de la navidad y sonrosada y bonachona de Santa Claus.
Pues olvidaos de ella.
Desde el lugar de origen de tan generoso personaje se nos informa de la realidad: San Nicolás era un bergante bandido, Santa Claus anda un tanto falto de modales y, bajo cualquier personalidad, resulta ser un tipo con muy malas pulgas.





En Saint  se nos muestra el nacimiento de un San Nicolás bárbaro y sanguinario que, de tanto asolar regiones, consigue que los habitantes de un pueblo le prendan fuego...con lo que no hacen más que alimentar su rabia y dotarlo de poderes preternaturales. Así, este vengativo Santo vuelve a Copenague cada 5 de Diciembre que coincide con luna llena para secuestrar y matar sin miramientos.




Rare Exports tiene un tono algo menos sangriento pero igualmente irreverente. 
Alguien busca la tumba del Santa Claus original, una especie de ogro de la tundra que devoraba niños, muy cerca de donde vive el pequeño Pietari, más preparado para la antropología fantástica que los supuestos arqueólogos.
Por supuesto, a la que se hace un descubrimiento empiezan a pasar cosas raras y a desparecer gente...o a aparecer.




Así que ya sabéis: cuidadito con Santa Claus.
De momento, los Reyes Magos son más fiables.





miércoles, 18 de mayo de 2011

Maine está fatal


Cuando pienso en Maine pienso en maravillosos paisajes. Faros sobre turbulentos acantilados, bosques inmensos de rojos imposibles, langostas como pastores alemanes...
Como mucho, el idílico paisaje se torna algo brumoso con alguna preciosa desdicha literaria como  Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra de John Irving.



El faro de Portland Head


Pero pronto caigo en que tras esa apariencia apacible se esconde un estado peligrosísimo. Mortal, si me apuráis.
Allí vive la escritora de misterio y gafe al 100% Jessica Fletcher. Pasea en bicicleta por Cabot Cove y es amiga del médico y del sheriff mientras, de vez en cuando presenta el libro o visita a unos amigos...y ya está organizado el drama.
Porque, que un detective, un policía o un forense se pasen la vida rodeados de fiambres me parece lógico. Pero ¿una escritora que, además, es una adorable ancianita? No es que se escriba un asesinato, es que los protagoniza todos.



¿Porqué no huyen todos cuando la ven venir? ¿Porqué la invita todo el mundo a su casa?



Y luego está mi adorado, pero gafe sin remisión, Charlie "Bird" Parker. Un encanto de hombre  si no tenemos en cuenta de que su esposa y su hija murieron a mano de un psicópata-psicópata que, por otro lado son su especialidad. A su paso surgen los cadáveres como setas y pedirle que busque a una persona es la manera más fiable de asegurarse que, si se la encuentra, será difunta, aparecen los fantasmas de cualquier muerto que se precie para pedirle justicia y tiene un imán para los asesinos más retorcidos del universo criminal. Además, últimamente, parece ser que hasta se lo disputan fuerzas que no son de este mundo.


No os fiéis de su carita de irlandés bonachón. John Connolly tiene trato directo con lo más tenebroso de la humanidad.



Acabo de terminar Voces que susurran y me estremezco aún de miedo y placer. de hecho, he comenzado a releer toda la serie de tan fatídico detective ( y ya son 8 volúmenes ) porque nadie más me produce esa sensación de escalofrío entre el crimen y lo sobrenatural. Una alegría de lectura.
Así, mientras yo leo, vosotros recordad que una imagen apacible puede ser de lo más traicionera...





martes, 19 de abril de 2011

Fred Vargas. No podrás leer solo uno.




Nunca he podido leer de manera independiente un sólo libro de Fred Vargas. Uno siempre pide otro.
Se leen fácil, se leen rápido y te enganchan como pocos.
Acabo de terminar, de tirón, las tres novelas protagonizadas por los Evangelistas: Que se levanten los muertos, Más allá, a la derecha y Sin hogar ni lugar y aún estoy bajo los efectos del universo Vargas.
Sus personajes son auténticos personajes, gente que vive sin televisor y sin teléfono,  que habla latín o acumulan comida en sus bolsillos, especialistas en peregrinos momentos de la historia del hombre, cojos de mente preclara, ex prostitutas, ex combatientes, ex marineros, ex policías, excéntricos, asesinos, locos y cuerdos.
Su escenario principal, París, es una gran ciudad que es pequeña ( algunos de sus personajes se pasan las obras atravesándola a pie ), habitada por desechos de múltiples mareas, por franceses recios de lugares remotos, con costumbres muy particulares y afinidades imposibles. Entre todos, se crea una serie de comunidades humanas que, mucho me temo, poco o nada tienen que ver con la realidad, pero a la que te gustaría aportar tu granito de arena, tus hábitos personales, tu talento desconocido.
En las novelas de Fred Vargas se puede ser historiador, pregonero, antigua diva operística, policía con corazón, delincuente filósofo, vendedor de libros en las orillas del Sena, regente de un bar con solera, cazador de lobos, asesino con tridente, hombre lobo, gato gordo...
Cualquier parecido con la realidad será pura coincidencia, de acuerdo. Pero no me importa lo más mínimo. Lo que quiero es poder ir visitando ese lugar incierto y mágico que se esconde entre las cubiertas de los libros de Vargas.






martes, 22 de marzo de 2011

Patrañas




Que los nazis no estaban bien de la cabeza no es algo que acabe de descubrir. Pero que algunos nazis estuviesen TAN mal de la cabeza...
Ya lo decía Goebbels: "Una mentira repetida constantemente acaba convirtiéndose en verdad". O en algo parecido.
Hace unos días, la revista Historia y vida me sorprendía muy gratamente al ofrecer por unos módicos eurillos, un libro que hacía tiempo corría por mi lista de deseados: El plan maestro, de Heather Pringle, que en seguida me puse a leer.
Aún no sé si reír o llorar...Casi que optaré por reír.
Resulta que Heinrich Himmler ( abajo, en la foto...aunque aún no tengo claro si no es Baldrich de The Blackadder ) un mocetón ario ( o así debía verse él ), larguirucho, de cabeza desproporcionada, miope, con manos pequeñas ( "una musaraña medio muerta de hambre", tal y como le describió - a sus espaldas, suponemos - con mucho tino uno de sus secuaces ), estaba convencido de la superioridad de la raza aria, bajada del cielo para habitar en la Atlántida, colonizadora del mundo, portadora de cultura y echada a perder por el mestizaje y la capacidad corruptora de los linajes menores.





Arribista, oportunista y astuto, no sólo fundó las SS y coreografió el Holocausto a ritmo de Nibelungos... sino que entre medias tubo tiempo de fundar la Ahnenerbe, ampliarla, organizarla y poblarla de chalados y pseudocientíficos poco escrupulosos.
Mediante esta entidad, Himmler dotó a la Alemania nazi de unos orígenes, poderes, mitología  y grandeza que justificase cualquier desvarío etnocéntrico, invasión, guerra o exterminio.
La Ahnenerbe envió expediciones a Finlandia, a Francia, al Tíbet, a donde fuese, a buscar ¡¡y encontrar!! pruebas de su particular visión de la historia.
Un tanto al margen de Hitler, quien consideraba todo esto una sarta de insensateces, Himmler se rodeó de lo más florido de las casas de reposo y las universidades pangermánicas decidido a sacarse de la manga - y, lo que es mejor, recuperar y expandir - un pasado ario que pasaba por la magia, la religión, el rito y la mentira más descarada.
Lo increíble es la cantidad de gente que se lo creyó, pertrechados con su oído selectivo, y se apuntó al cotarro.
Tremendo. Aún me estremezco entre la risa y el llanto.

***

Los vídeos de las expediciones nazis, aquí.


miércoles, 23 de febrero de 2011

La vida en la frontera.


Me ha encantado True Grit. Encantado como a las serpientes.
Me tuvo con los sentidos volcados sobre la pantalla durante todo el metraje y no sólo por lo mucho que disfruto de la presencia de Jeff Bridges.
He leído por ahí que se trata de una película "menor"...pero lo debe haber escrito algo que no diferencia "menor" de "sencilla". No hay esa amplitud de campo y ese brillo de las películas de Ford ( ¡Ay, esos Centauros del desierto!), no hay tiros a mansalva ni malos de spaghetti western, no hay vaqueros saltarines ni chicas que bailen en el Saloon... lo que hay es una historia sencilla narrada con pulso sostenido y tono sobrio.
Hay una búsqueda, una persecución, una venganza. Hay adultos preparados y una niña decidida.





Mattie Ross (maravillosa, Hailee Steinfeld ) no quiere que el asesinato sin sentido de su padre quede sin venganza y no duda en lanzarse ella misma a dar caza al responsable.
Lo curioso es que en la banda sonora, a lo largo de toda la película, escuchamos como leit motiv un tema estrechamente relacionado con otros niños envueltos en una persecución...esta vez perseguidos.
Leaning on the Everlasting Arms  es un himno con una capacidad hipnótica considerable y parece comportarse como un mantra de protección en la persecución. En La noche del cazador se transforma en un duelo de fuerzas, en la versión cantada de la lucha contra el bien y el mal, en el duelo por preservar la inocencia frente al crimen.
En Valor de Ley la inocencia ya se ha perdido pero aún resta necesitada de consuelo.
La infancia dura poco en la frontera.






Para leer sobre territorio virgen:

- Charles Portis; True Grit. Overlook Press, 2002.
- Willa Cather; Mi Antonia. Alba Editorial, Barcelona, 2000. // Pioneros. Alba Editorial, Barcelona, 2001.
- Cormac MacCarthy; Meridiano de sangre. DeBolsillo, Barcelona, 2005.
- Sherman Alexie; El diario completamente verídico de un indio a tiempo parcial.Siruela, Madrid, 2009.
- Oakley Hall; Warlock. Galaxia Gutemberg, Barcelona, 2009.
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