Translate

domingo, 22 de agosto de 2010

London Again ( I )


Cuando digo que no me canso de ir a Londres no es una metáfora ni una forma de expresarme. Ya van dos años seguidos y ahora mismo volvería. Sé que gran parte del hechizo se formula por el simple estado vacacional en que visitamos la capital inglesa, que vivir y trabajar allí sería muy diferente, pero cuando no sabemos qué hacer para huir del calor, acabamos en Londres.
Y este año ha sido especialmente divertido por los múltiples momentos surrealistas de los que hemos disfrutado ( porque nos negábamos a "sufrirlos", dicho sea de paso ).
De entrada, Easy jet te hace facturar en la terminal A, pasar el control de pasaportes en la B, embarcar en la jardinera en la misma B para ir a subir al avión en la A... todo, con una única cola de facturación, con ¡un único valiente al frente!. Visto lo visto, el spedy boarding es un timo... Si me han de tratar como a un borrego, al menos que me salga barato. Y, desde luego, semejante recorrido sale barato porque han cerrado todos los bares y tiendas del trayecto... el aeropuerto de Barcelona, con el traslado masivo a la terminal C, se ha quedado como Galerías Preciados en su última semana, muy, muy triste.



Llegamos el jueves muy cansados, a base de vueltas por aeropuertos y estaciones, así que decidimos ir a dar una paseíto, cenar y retirarnos pronto para empezar el viernes con energía.
Primera parada, Camdem Town.
Allí mi santo me salva de una muerte segura cuando, en uno de sus estrechos callejones se escapan y desbocan dos inmensos caballos de la policía ( en la foto, una vez recuperados ). Yo ya oía el ruido de los cascos sobre los adoquines, pero estaba más pendiente de comprarme un bolso de piel que de ser atropellada... así, como en el antiguo anuncio de "Iba yo por la cashbah cuando de repente me encontré en un tumulto...", noto que mi santo me agarra de un brazo y tira de mí hacia el interior de la tienda a tiempo de salvar mi cara de los arreos de un caballo...¡¡Mi héroe!!
Mi héroe se pasa el día llamándome descerebrada y yo encantada con la peripecia, los caballos y el bolso que, por supuesto, me compré.



Tras ir a comer y a dejar paquetes en el hotel, excursión a la British Library para ver el original de Jane Eyre ( que también tubo un incidente con un caballo ), las notas de Jane Austen y toda la colección de manuscritos.
Jane Eyre exhibía orgullosa su "Reader_ I married him." A mí hubo que sentarme y traerme las sales.
Cuando me recuperé mínimamente, dimos un paseíto hasta Persephone Books tras prometerle a mi santo que, con la visita, no le obligaría a ir hasta la vecina casa de Dickens donde, al fin y al cabo, ya habíamos estado. Transigí con Dickens igual que días después transigiría con Sherlock Holmes.



En Persephone nos trataron muy bien. Les encantó nuestra presencia barcelonesa y el amor que sentimos por aquí por sus libros.
La tienda es pequeña pero muy bonita, un placer. Por supuesto, hube de contenerme.



De Persephone nos fuimos al Museum of London, que aún no conocíamos.
Como era tarde, nos centramos en los últimos 200 años porque por algún sitio había que atajar.
El paseo victoriano es muy interesante, oscuro y misterioso... un sitio perfecto para citar a Iker Jiménez. Mirad, si no, qué muñecas tan encantadoras...



Del Museo, a Postman Park, un jardincillo recóndito recortado de un pequeño cementerio parroquial en el que, en 1900, Frederick Watts inauguró un rincón para el recuerdo de aquellos héroes anónimos que realizaron grandes sacrificios para salvaguardar la vida de sus semejantes durante naufragios, incendios, explosiones... mañana mismo encargo unos azulejos para mi santo, que arriesgó su vida para salvarme de un caballo desbocado.



Justo al lado, está la rosaleda de Christchurch Greyfriars, un jardín arraigado entre los restos de la iglesia, destruida por los bombardeos de la II Guerra Mundial. Previamente víctima del incendio de 1666 y recostruída por Christopher Wren hasta toparse con las bombas alemanas. De la iglesia sólo queda la torre oeste pero lo cierto es que el jardín resulta un remanso de paz entre el trajín de la City.



De allí, a la National Portrait ( que los viernes cierra tarde ), para ver las fotos de Camille Silvy...
como comprenderéis, ahora mismo estoy de vacaciones para descansar de "las vacaciones".





viernes, 13 de agosto de 2010