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martes, 31 de agosto de 2010

London Again (III): salimos de Londres.



Antes de nada, confesar que este viaje no se hubiese sostenido sin la inmensa ayuda de Vitamin Water. Yo ya estoy mayor, así que estas aguas vitaminadas, o su efecto placebo sobre mi blanda psyche han sido mi sostén vacacional. Lástima que en Barcelona haya que conformarse con Acuarius.
Una vez aclarado esto, usemos el domingo para conocer un poco más los alrededores de Londres.
Lo primero fue llegar hasta Victoria Coach Station enfrentándonos a líneas de metro que no abren siquiera y a otras que abren, te engañan para que subas y luego acaban su recorrido donde les place, generalmente lejos del lugar al que te diriges. El efecto "este metro / autobús" se acaba aquí y ahora" lo hemos sufrido mucho este año.
Pero una vez allí, nuestro autocar resultó comodísimo y el acento de nuestro guía ininteligible ( yo aún sostengo que hablaba en cockney ). Y, como no llevaba suficiente Vitamin Water, fue sentarme y quedarme dormida. Hasta que, al abrir los ojos, me encontré - de golpe - en Bath.
Bath es precioso, está limpísimo, pero tienen un Centro Jane Austen que visitar. Así que vi poca ciudad y mucho Centro.






El centro Austen no es gran cosa ( ni siquiera está situado en una casa habitada por los Austen, sólo "cerca de") pero es divertido echar un vistazo y, sobre todo, tomarse un té en su Salón de Té, dominado por un retrato de un Mr. Darcy que allí ya han decidido que tiene el aspecto de Colin Firth.





Un par de horas de rebufadas de mi Santo más tarde, volvíamos a instalarnos en el autocar del sueño ( igual nos drogaban vía aire acondicionado para que no diésemos la lata. Con el cinturón de seguridad puesto no hay riesgo de caerse en una curva ). Eso si, antes de sucumbir a la siguiente cabezadita, aún me dio tiempo a retratar una casa en la que, parece ser que sí, vivió Jane Austen. Conclusión: mi próxima visita a Bath durará un par de días e incluirá balneario.





Tras Bath, despertamos en un Salisbury desierto por el periodo vacacional de los nativos. La catedral es resultona, pero lo mejor fue disfrutar del incomprensible inglés de Kevin, nuestro guía, que , ataviado con pantalones amarillos, chaqueta de tweed con coderas y una espectacular pajarita, parecía representar todo lo inglés que puede llegar a ser un inglés.





Otro sueñecito más tarde, despertamos en Stonehenge.
Cuando yo era pequeña, La Caixa tenía la sana costumbre de, por Sant Jordi, regalar libros a sus clientes. Todos tuvimos La gangrena, Clochemerle, Poldark ( ¡Ay, Poldark! Un día de estos os hablaré del que fue mi primer "Heathcliff"... ya apuntaba maneras, desde pequeñita. Era una niña rara, rara...) y un libro ilustrado estupendo que se llamaba Maravillas del Mundo. Entre sus páginas descubrí la belleza de las pirámides de Egipto, el Machu Pichu, los templos de Sri Lanka o la Alhambra y me prometí visitar todos aquellos lugares misteriosos cuando fuese mayor.
Voy con retraso en el planning, pero ya he visto Stonehenge.






Confieso que soy dada a sentimentalismos y a "recibir sensaciones" telúricas es espacios de reconocido bagaje "Cuarto Milenio" pero, cosquilleos místicos aparte, Stonehenge satisfizo tanto mis espectativas infantiles como las adultas.
Desgraciadamente, el público no puede acercarse a las piedras ( antiguamente, los herreros del pueblo se hacían de oro alquilando martillos para que los visitantes pudiesen arrancar por sí mismos sus souvenirs ) y acabas contemplando lo que podría ser ( con muy mala baba ) el decorado de los Teletubbies Celtas, pero la visita vale la pena. Está muy cerca de Londres, la entrada es barata y puedes comprarte una divertida camiseta con el slogan "Stonehenge Rocks!!".
Y, por si alguien lo duda, os dejo con este hilarante momento Stonehenge de la no menos hilarante película This is Spinal Tap.




domingo, 29 de agosto de 2010

London Again (II)


Sábado por la mañana en un Londres recién regado. Huele a hierba y a tierra mojada. Aún hay poca gente paseando por Notting Hill...y ahí está el mercadillo de Portobello.
Aquí empieza el olor a café y a bollos de canela...¡¡umm!! ¿Puede una mecerse en los olores?
Por si acaso la respuesta es que no, meto la cara -literalmente- en un carrot cake del tamaño de un Seat Panda.
La mejor hora de visitar Portobello es bien tempranito, que luego sueltan a los turistas (especialmente españoles e italianos, no insultéis a las claras si os fastidian una foto u os arrancan el bolso de cuajo de un tirón alelado ). Las tiendas están a medio montar, pero los guiris están a medio llegar así que ¡a disfrutar!




Portobello ya no es lo que era en 1990 y la Abuela Cebolleta lo acusa... nada de discos ni libros o vestimentas estrafalarias; mucho souvenir y pseudo antigüedades, alguna antigüedad de verdad y cuatro sombreros de segunda cabeza con habitantes instalados ad eternam. Me acuerdo repentinamente de la cancioncilla de Filvit Champú...
Entonces, en medio del creciente gentío aparece una tienda que me llama tanto la atención como a Cristina, decorada íntegramente con máquinas de coser antiguas... debieron comparar varias fábricas porque posteriormente vimos que había varias tiendas absolutamente iguales a lo largo y ancho de la ciudad: bienvenidos a la uniformidad según All Saints. Vístete como un mendigo por precios principescos. Mi Santo, indignado.





A lo largo del par de horas las calles se llenan de visitantes vociferantes, así que hacemos unas cuantas fotos más del color local y salimos por piernas.






La tarde del sábado la gastamos a placer. Paseíto por el Strand y decepción en Twinings porque no tenían el té de vainilla que, prácticamente, originó este viaje. "Lo siento, señora. La semana que viene tendremos..." pero yo no estaré aquí... gruño para mí misma. El asunto té de vainilla no ha acabado aquí, pero mi Santo, que es un lince y sabe distraer mi atención, me conduce hacia el antídoto contra cualquier tipo de contratiempo: Forbidden Planet.
Olvidad vuestra concepción del friki de tienda de cómics, porque estará incompleta hasta que paséis por aquí ( o asistáis a Comic Con ) .
A no perderse la estantería de clásicos "re visitados" ( si clickais sobre la foto veréis los títulos y demás).





Cargados de libros y regalos frikis para algunos amigos que cumplen años por estas fechas ( éste, por ejemplo, para mi querido C. tan fan de Rocky ), paramos a reponer fuerzas en The Intrepid Fox, pub recomendado por nuestro omnicognisciente Toronto.
Rock & Roll a todo trapo, oscuridad y Magners bien fresquita...el paraíso.
Así, entre burbujas chispeantes y solos atronadores, nos mimetizamos con los parroquianos hasta acabar - no se sabe cómo - de vuelta al hotel.