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martes, 12 de mayo de 2009

Ay, qué doloor, ay qué doloor,ay qué doloor...

Hoy 12 de Mayo se celebra el Día Internacional de la Fibromialgia y la Fatiga Crónica. Así que aquí me tenéis, de celebración.






Aunque poco a poco se va avanzando y se va investigando, la “fibro” sigue siendo un misterio. No puede comprobarse y nadie sabe porqué se desencadena, sus síntomas son variables y antojadizos…Yo estoy con los que opinan que el desencadenante es algún tipo de “Shock post-traumático” debido a una enfermedad o a una temporada de sobreesfuerzo psicológico…estoy convencida porque que, en mi caso, todo comenzó tras una depresión tremenda a consecuencia de un stress laboral inhumano. Algo rompió algo y aquí estoy, como diría chiquito, “después de los dolores”. Solo que no es después, es durante.
Si conocéis alguna fibromiálgica, lo único que podéis hacer por ella ( el 95 % de las pacientes son mujeres ) es creerla. Por favor, no seáis de esos que creen que las mujeres somos unas histéricas, en general, y unas perezosas, en particular. Eso si que duele.
Entre sus síntomas podemos encontrar dolor muscular generalizado, fatiga constante y contracturas musculares, rigidez matutina ( yo me levanto como Drácula, estilo tabla de planchar), calambres musculares, parestesia ( adormecimiento y hormigueo de las extremidades ), agarrotamiento de la mano débil ( por suerte, yo tengo las dos fuertes ), síndrome del túnel carpiano, falta de sueño reparador, alteración del gusto, el olfato y el oído ( alergias o síntomas de alergia, intolerancia a algunos olores y sonidos, sequedad de ojos y boca ), aumento de peso ( retención de líquidos y, paradójicamente, aumento de las ganas de orinar), colon irritable ( con lo irritable que te vuelve eso), desequilibrio y desmayos, fiebres bajas y continuas, palpitaciones y taquicardias, Síndrome de Raynard ( o sea, manos, pies, nariz y orejas fríos ), etc.
Si ya da mal royo leerlo, imaginaos soportarlo. Así, que no os enfadeis si no actualizamos mucho el blog...

viernes, 8 de mayo de 2009

Malos tiempos para ser sueco.


A los suecos ya no los definen sus rubias mujeres de vacaciones en la España de Alfredo Landa. Ni los simpáticos acordes de ABBA.
Ya casi ni podemos reconocerlos en sus coloristas y funcionales diseños de muebles, ni en el salmón... lo que caracteriza la imagen sueca que percibimos hoy en día es, sin duda, el desencanto. No sé si ellos lo saben pero para muchos lectores está claro: el modélico estado de derecho, la Europa del bienestar, está en franca decadencia.
No hay más que leer un libro sueco para caer en la cuenta: el mal impera en Escandinavia.




Y no es algo nuevo. Desde la muerte de Olof Palme Suecia se desmorona de una forma silenciosa y discreta, entre la bruma alcohólica de sus viajes en ferry.

No hay más que echar un vistazo a las librerías.

Maj Sjöwall y Per Wallhöo escribieron entre 1965 y 1975 10 novelas policiacas protagonizadas por el subinspector Martin Beck. Editados en nuestro país por Noguer, Versal o Bruguera, corrieron todo tipo de suertes esperando el momento adecuado, ahora que el desencanto se extiende. RBA ya tiene en la calle Roseanna, El hombre que se esfumó, El hombre del balcón y El policía que ríe.

Ya en los 90, Henning Mankell tomaría el relevo y se encargaría de romper con muchos estereotipos creando otro: el policía sueco, de poco dormir y de mal comer, divorciado y con problemas para relacionarse, solitario y con úlcera, que se enfrenta a las consecuencias de la historia de su país, a casos que, en muchas ocasiones, tienen un origen lejano pero consecuencias cercanas.

Coincidiendo con los últimos coletazos de Kurt Wallander, aparecen Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist, de la mano del difunto Stieg Larsson. No os dejeis engañar por la categoría de Best Seller o le cojais manía de tanto ver sus libros en todas partes ( parece que, últimamente, nadie más haya escrito un libro ), su obra es intensa y sólida, entretenida y apabullante...otro ejemplo de cómo la confianza de un país se desmorona por momentos.








Y ahora, finalmente, la desolación se extiende por el otro mundo. Hasta los vampiros andan de capa caída, alquilan apartementos cochambrosos, visten fatal y dependen de otros para su supervivencia. Muy poco glamour queda ya entre los no-muertos.

Déjame entrar de John Ajvide Lindqvist pone la guinda en el pastel ( el libro lo edita Espasa, su adaptación cinematográfica está ahora mismo en cartel ) escarchado. La muerte es blanca y llega del frío.

Yo, este verano, no elegiría Suecia como destino turístico. De momento, tiemblo sólo de pensar en lo que se nos avecina...