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viernes, 25 de diciembre de 2009

Navidades en Maelstrom: capítulo VI


CAPÍTULO VI: FELIZ NAVIDAD A TODOS

La Condesa salió de su mullido sueño con el roce de un coro de zapatillas que trotaban escaleras abajo, discreta pero estruendosamente. Nadie quería esperar a que la casa amaneciera, a una hora educada. Aún en bata y con sonrientes caras dormidas, la camarilla fue apareciendo por el salón.

Por lo visto, durante la noche, el ya de por si frondoso árbol de Navidad de la mansión había criado una buena cantidad de alegres paquetes profusamente adornados. Los había rojos, dorados y verdes, grandes y pequeños, de todas las formas…y todos lanzaron sus bracitos anhelantes hacia aquellos jovenzuelos adormilados que habrían de ser sus destinatarios.

La aparición bostezante del Conde funcionó como una señal para que todo el mundo se lanzase a por sus correspondientes regalos.

Exclamaciones y risas se unieron al sonido de rasgar, abrir o romper que se adueñó de la habitación mientras aparecian relucientes piezas de ropa, flamantes libros, delicados objetos de escritorio, novedosas partituras, hipnóticos adornos…

La ilusión del por venir se adueñó del salón… a pesar de tener que ir cediendo, poco a poco, parte de su espacio al maravilloso olor que el desayuno fue extendiendo por la casa.

- Vamos, vamos. Desayunemos o no tendremos fuerzas para estrenar todo esto…

Todo era hermoso y cálido bañado por la escarchada luz de la mañana del día de Navidad. Y la Condesa no pudo más que mirar a su alrededor con toda la calidez del mundo en su pecho, dar las gracias por todo lo bueno que tenía y brindar con todo su corazón:

-¡Que Dios nos bendiga a todos!





FIN




jueves, 24 de diciembre de 2009

Navidades en Maelstrom: Capítulo V


Capítulo V: Compras

La víspera del día de Navidad amaneció cubierto por la nieve.


El humeante bufé del desayuno enteló las ventanas del comedor de invierno y sonrosó las narices de los asistentes que, ilusionados como si jamás hubiesen visto nevar, ya planeaban todo tipo de entretenimientos de exterior.


El Conde mandó enjaezar el trineo que en tan pocas ocasiones podía lucir, colocó las campanillas que les había traído lady Martha de uno de sus habituales viajes a Finlandia y se llevó de paseo a todo aquel que no quiso parecer un tentetieso lanudo optando por caminar hasta el pueblo.


La pequeña villa de C… hervía de actividad. Los escaparates de las tiendas presentaban su mejor y más reluciente aspecto, repletos y orgullosos de sus extraordinarios productos, escogidos para la ocasión. Brillantes teteras de cobre, mullidos mitones de cálidas lanas, paquetes de papel de colores atados con cintas, campanillas sonando en cada puerta, saludos sonrientes…


La camarilla repasó con esmero cada uno de los establecimientos del lugar para alegría y soniquete de las relucientes cajas registradoras. La librería del señor Cavendish, junto al establecimiento de la señorita Matty, fueron sin duda las tiendas mejor revisadas.


- ¡The Pickwick Papers al fin en un solo volúmen!


- ¡Qué ganas tengo de que alguien recuerde su pasado a la par que se merienda una magdalena e invente el flujo de conciencia!


- Mi querida lady Robinson ¡qué cosas se le ocurren! No se amohíne y pruebe este té verde maravilloso…¡hay que ver lo que me ha costado convencer a miss Matty de que no perjudicará mi salud en absoluto!


Tras un regreso bamboleante a la Mansión, las horas resbalaron entre el sonido de los libros al abrirse por primera vez, las notas navideñas del piano y el crepitar del fuego.


- Apártese de la chimenea, querida. Puede quemarse el vestido por detrás y habría que pintárselo al óleo para que no se notase…


Faltaban apenas unas horas para la Navidad.